Nota para una escena
Un día de calor, de angustiosa calor, bochornoso día en el que este señor, tumbado al fresco como un perro, como un perro jadeando, con un licor frío a mano, cerca también sus cigarrillos, y el ventilador bombeando aire caliente, decide realizar el augusto esfuerzo de levantarse para coger una revista, y lee su horóscopo: " todos los nacidos bajo este signo disfrutarán de un feliz fin de semana, déjense llevar". Y en esto que nuestro señor, tras luchar en la guerra civil española, participar en la Segunda Guerra Mundial y salir de todo ello ileso, desea ahora, en el más seguro de los lugares donde pie ha puesto, llenar de nuevo el vaso de ese licor tan fresco, con la mala fortuna que medio borracho sufre un traspiés que le incrusta en un ojo hasta el cerebro un largo vidrio de la botella rota con él, en el suelo.
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Ella veía reflejado el mundo en mis ojos, y yo la veía a ella reflejada en el mundo.
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"La vida está hecha de la materia de los sueños" (Pedro Calderón de la Barca)
LA VIDA, LOS SUEÑOS(Inconcluso)
Mis amigos desaprueban mi excesiva afición por los libros. Desde que recibo la pensión, que me permite vivir sin trabajar, aunque con estrecheces, casi no hago otra cosa que leer. He tenido que desprenderme de gran parte del menaje de mi casa, no de otra forma podría hacerles sitio, de modo que ahora cuento sólo con lo necesario, una silla, una mesa, la cama y poco más. No ha sido difícil adaptarme, para mi sorpresa. Tengo pocas visitas, me vienen a ver sobretodo por el interés que mi salud ha despertado, unos se lamentan, otros además me reprochan los excesos, los menos se limitan a contemplarme en silencio, por lo que no me siento molesto, pudiendo dedicar bastantes horas a la lectura. Afortunadamente, aún puedo valerme por mí mismo. Me han advertido sin embargo, no sé con qué acierto, de que leer es pensar los pensamientos de otros y que, a mi edad, con esta enfermedad, acabaré acelerando la atrofia de las partes del cerebro que ésta ataca. Yo disiento, y no son pocas mis razones. Los entes y personajes de mis lecturas viven en mí, como yo también vivo en la memoria de los que me quieren. Con ellos pienso, creo, recreo, pues mantengo un continuo diálogo. Son sueños que se unen a la zarabanda de mis sueños, intérpretes de la compañía de mi teatro. Las percepciones y sensaciones asociadas a ellos sirven de telón de fondo; los pensamientos, candilejas que iluminan sus movimientos. Todo transcurre en un sólo acto, y a mí toca salir el último. Estoy preparado, a lo largo de mi vida me he ido preparando, primero sin saberlo, luego, gradualmente, con más conciencia y clarividencia, como si estuviera escrito que así ocurriera, o al menos es lo que siento. Con la visión panorámica que da la vejez, comienzo a encontrarles un sentido antes oculto. La enfermedad, que me sustrae días con la tenaz voluptuosidad con que un adolescente enamorado arranca pétalos a una flor, me ha limpiado la mirada, y ahora sólo veo lo inasible, como el reflejo de una tela de araña en un espejo. Aventura de mi vida ha sido ir puliendo la superficie de ese espejo para ver con mayor claridad, con mayor limpidez, el sublime significado de todos mis actos y pensamientos. Recompensa suficiente es ver una puesta de Sol y descubrir que realmente nunca antes la había visto.
Es cierto que estos personajes pertenecen a libros escritos por otros, pero también es cierto que son ellos los que me pueblan de libros sin escribir, episodios de mi vida, que sólo yo, por mi deplorable talento literario, me permito leer y releer. Incluso la vida más aburrida se puede contar de infinitas formas, pero siempre existen acontecimientos o experinecias que no pueden ser ignoradas si se quiere comprender: sin Prometeo, sin Afrodita, sin Dioniso, Törless, Gregor Samsa o Julien Sorel, por ejemplo, la mía quedaría mutilada, irreconocible gota de agua entre un océano de fango. Es así, el hombre es muchos hombres, pero todos comparten los mismos sueños.
He vivido las dos caras del amor, las mil y una facetas de la vida, he experientado la vejez siendo joven, la juventud ahora que soy viejo, he probado y visto todo lo que mis sentidos han podido probar y ver hasta la saturación, y qué me queda, sino coronar esta existencia con lo que le da sentdo, las fuerzas han de bastarme para ello.
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